La belleza de la bondad por Assumpta Serna

 

Acabo de pasar dos días en el Colegio San Vicente de Paúl en Irún, compartiendo película, habitación, comida, tiempo e ideas en la Comunidad de las Hijas de la Caridad.

 

Seis Hijas de la Caridad, han abierto su casa para mí… ¡Todo un honor! He oído y visto sus problemas, sus alegrías, me han contado sin dudas donde habían estado, la incertidumbre del futuro, lo que consiguen cada día en el Colegio. Seis mujeres juntas, unidas por un ideal bellísimo, el de hacer el bien al que más lo necesita.

700 alumnos tienen cada año la oportunidad de tocar y sentir su humanidad. Durante el tiempo de la comida, o en extra tiempo, ellas atienden a los que les cuesta aprender, a los que tienen algún trauma familiar y no son capaces de integrarse. A ellos les dan todo su amor y cuidado. Para todos, el ejemplo de sus vidas traspasa el corazón, más allá de la religión.

Sor Alicia, la Hermana que se encargaba de organizarlo todo, dijo que dos chopos me esperarían a la salida del avión. Y dos chopos me encontré, lindos, esbeltos, que me dieron sin esfuerzo su amabilidad protectora, sonriente y tranquila. Desde aquel momento, la vida tenía otro sentido, el de andar más despacio, para dar lugar a la serenidad y reflexión.

Sor Alicia me enseñó en los tiempos libres, Irún, el Colegio y la casa por dentro. El comedor, la capilla bonita y sencilla con bancos cómodos y la silla nueva que subía lenta y electrónicamente a Sor Benedicta por los tres pisos de la cansina escalera. Todo hecho con cuidado y cariño para que las Hermanas fueran felices, porque ¿como se puede dar felicidad a los demás si uno no es feliz?

Seis Hermanas con las que pasé poco tiempo, pero muy intenso, porque todas tienen los ojos vivos, la inteligencia despierta, la sabiduría de toda una vida bien llevada: Sor Bene, Sor Paz, Sor Francis, Sor Pilar, Sor Magdalena… Todas tan distintas, pero tan buenas… Y como en el cine, la belleza me hace llorar… Cuando una de ellas me preguntó que me había parecido su casa, pocas horas antes de partir, las lágrimas no me dejaron articular palabra.

 

En los ratos libres, Sor Alicia me desgranó con discreción su trabajo, que era el de cuidar el bienestar de los alumnos y de las Hermanas, también el mantenimiento y gestión del colegio, además de los continuos viajes en pos de las misiones. Inmediatamente la admiré. Toda una vida dedicada a ser justa, en un contexto donde podía serlo… ¡qué envidia!

Aprendí mucho sobre flexibilidad, sobre rectitud, sobre justicia.

Valor, transparencia, espontaneidad y sencillez, sabiduría y experiencia se condensan en Sor Alicia a partes iguales, una verdadera líder de una de las tantas Comunidades que todavía quedan en el mundo y que el mundo de ahora tiende a olvidarles y a no saber apreciar con justicia los valores que transmiten…

Cada día, seis hermanas dan la acogida en diferentes puestos del Colegio a los chicos y chicas de 1º, 2, 3ero y 4º del Colegio de San Vicente de Paúl. Pude ver como los profesores jóvenes ordenaban a los alumnos de todas las edades y nacionalidades, que desfilaban con bullicio ordenadísimo en los pasillos ¡¡¡y eso que era Carnaval!!! Aprendí la organización de los profesores, la vida organizada de las Hijas de la Caridad, y recordé las palabras de Sor Helena Studler en la película: “Hay que organizar la Caridad”

Conocí al director Jorge, titular del centro concertado, hombre bueno, de sonrisa perenne e inteligencia de profesor de la vida de muchos… A los profesores Edurne, Lourdes, Ander, Juan Cruz., Mariví, Javi, Imanol, Jorge, Ignacio, Trino, Olatz, Itxaso… y me dio tiempo para ver un proyecto novedoso de arquitectura con los mayores. Ví a un joven llorar por su fracaso al no haber hecho los cálculos bien del proyecto, pero animado unos minutos más tarde a seguir adelante conociendo el porqué del error. Aprecié su trabajo, que me recordaba al de mi propia Escuela, intentando ver como podríamos colaborar, porque seguro que de su cantera salen muchas personas buenas …

 

 

Crucé abrazos y sonreí en las fotos con las mujeres de la limpieza que se encargaban de tenerlo todo limpísimo. Y también con padres y madres, con abuelos y abuelas, y comí con otras Hijas de la Caridad que llegaron de una Residencia de Ancianos. Algunas habían sido compañeras de las Hermanas de Irún durante su juventud y emocionaba y contagiaba su complicidad por la alegría de saberse juntas.

¡Cómo me gusta ver a los espectadores después de cada sesión de RED DE LIBERTAD! Porque como dice Sor Helena; “Hay tanto por hacer”… Sé que la película que entre todos hemos hecho, tiene todavía un recorrido largo y me siento orgullosa de haber hecho una película bonita, que gusta, que emociona, hecha con cariño para recordar a las Hijas de la Caridad siempre, porque la humanidad de Helena Studler representa bien a todas ellas… Gracias Pablo Moreno, mi director preferido por seguir dándome placer al enseñarla y hablar de ella.

Y así, también en Irún, cuando Jorge, el director del Colegio encendió la luz después de cada pase, tuve la oportunidad de ver con respeto los suspiros de congoja reprimida y las lágrimas de algunos espectadores, niños, mujeres, ancianos… Me gusta verles conmovidos porque todos tienen siempre, después de la película, cara de más buenos…

Los niños y jóvenes me pidieron autógrafos, pero la mayoría no para ellos, sino para su madre, su padre, su abuela… Me preguntaron preguntas entretenidas a contestar, porque la mente de cada uno de ellos, después de la película, es inocente y bella: ¿Te ha costado mucho hacer la escena de tu propia muerte? ¿ En que piensas cuando lloras en la película? ¿Cómo te estudias tanto texto? ¿Cuánto tiempo se tarda en rodar esta película? ¿Cuál es la película que te ha gustado menos hacer? ¿Qué sientes cuando te ves como actriz en una película? ¿A que edad empezaste a ser actriz? ¿Fuisteis a Francia? Y uno dijo: Mi padre también es de Ciudad Rodrigo

Sus preguntas me llevaron a hablar de la emoción que provoca la belleza del amor, del coraje, de la belleza de mi profesión y del cine y del sentido de responsabilidad y servicio con el que siempre he querido ejercerla.

 

Porque siendo actriz también puedes ayudar a cambiar la vida a mejor…

 

Hablo del impacto que puede producir en el espectador una película cuando el tema es ejemplificar una vida . También hablo de lo difícil que es en el cine europeo encontrar películas que hablen de verdaderos héroes, masculinos o femeninos, y pienso que es porque estamos todavía avergonzados de nuestros padres y abuelos por haber creído en políticos que nos condujeron a fracasos monumentales…

 

Estoy convencida que es necesario recordar lo necesario que es amar…

 

Me encanta acompañar a los espectadores de RED DE LIBERTAD, porque es una de ésas afortunadas películas que dan sentido a nuestras vidas … Las Hijas de la Caridad, han acertado en querer relatar uno de tantos ejemplos que tienen en sus 400 años de existencia. Ellas son inspiradoras del sentido que debe brillar en nuestros corazones, la creencia en el amor y en la bondad, que hace nuestra vida, bella.

 

Assumpta Serna 

No Comments

Post a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.