gracias papa

¡Gracias papá! – A Joan Rodés

JOAN RODÉS CATALÀ

De las situaciones más tristes me has dicho siempre, papá, que aprendemos.

Pidiéndome en el hospital que me encargara de tus papeles, he descubierto listas y más listas. Me han servido para entender tus pensamientos y tus amigos más personales, tus preocupaciones más íntimas. Me ha sorprendido tu minuciosa clasificación por prioridades y objetivos, incluso de tus propias enfermedades, como si preveyeras por tí mismo el futuro incluso cuando ya no te quedara memoria. Pero tu miedo fue solo eso, tu cabeza ha estado siempre tan lúcida, hasta los tres últimos días, que estoy segura que tu cabeza es la única parte de tu cuerpo que luchaba por seguir…

Entrando el mes de Junio, último mes de tu vida, tenías razón, he aprendido tantas cosas de ti…

Hábil de palabras, he intentado adivinar tus emociones: por qué guardabas aquellas fotos y no otras… Por qué escribías aquellos pensamientos y realizabas tus crucigramas, tu domino, tus ejercicios de “números”… por qué no tirabas los artículos y conferencias y apuntes y notas escritas para ti o para discutir con tus amigos.

Y en medio de todo, he encontrado una serie de páginas que son lecciones a otros, como profesor y directivo que habías sido, diciendo a los demás, como hiciste tu vida, cómo se debía llegar a los 90 años y además, apuntes para un libro de memorias, especie de diario de lo que tu pensabas que era lo más importante de tu vida, que quizás por pudor a mostrarte como tú eras, lo dejaste inacabado. Lo leeré todo, papá, lo leeré.

La primera cosa que he podido aprender ha sido que tanta lista te daba seguridad de que mañana también vivirías, porque como buen catalán, tenías siempre mucho trabajo.

La segunda, que dentro de aquel padre-juez que he conocido, había un hombre romántico y tierno.

La tercera cosa que he aprendido es que viviendo esta experiencia de verte desaparecer, nos has unido a las tres mujeres más próximas a ti y hemos caminado todas a una. Nos has dado el encargo final a mi hermana y a mí de proteger a tu esposa, nuestra madre. Y lo hemos hecho, lo estamos haciendo y lo haremos con total fraternidad y alegría.

Y delante de la pérdida más injusta, absoluta e imperdonable que es tu último adiós, me consuela pensar que sé que llevo dentro, tu espíritu positivo y luchador y tu tenacidad para llevar a cabo proyectos quizás imposibles, pero siempre con resultado de éxito personal, el único importante.

Y la cuarta cosa que he aprendido es que no importa el resultado al que lleguemos haciendo nuestros propios proyectos, porque nos ofrecen la posibilidad de aprender otra lección de vida.

Quiero reflejarme en ti, como he hecho toda la vida para encontrar lo que me gusta de nosotros, de esta familia Rodés-Serna que creaste hace más de 73 años… Me gustaría saber repetir sólo lo que es bueno, y lo que no es tanto, cambiarlo a mejor aún.

Gracias papá por haber sido un hombre digno, por luchar por tu ideal de justicia y por tu honestidad, gracias por darme la vida y poder aprender, por encima de todo, a ser una buena persona, pero quizás intentaré hacer menos listas a partir de ahora, si me lo permites, desde allí donde estés…

A. Serna

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